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República de los niños

La República de los niños es un parque temático educativo que ocupa 53 hectáreas en Gonnet, ciudad de La Plata, a unos 60 km de Buenos Aires. Fue creado en 1951 durante el gobierno de Perón con el fin de “ayudar en la formación de los niños como ciudadanos”.  Recrea zonas rurales y urbanas con lugares de instituciones típicas de una república, construidos a escala de niños de 10/11 años: casa de gobierno, legislatura, policía, palacio de justicia, palacio de cultura, capilla (no podía faltar).

 Beto propuso a su grupo hacer un ejercicio en ese lugar como primera experiencia intervencionista con el objetivo imaginario de “tomar la ciudad”: modificar (lo más profundamente que se pudiera) el paisaje de un domingo apacible y tradicional de paseo de miles de niños acompañados por sus padres y otros adultos por el predio. El Grupo Madre ayudaría ese día. Cada miembro del grupo debía acudir al Parque tal domingo por la mañana acompañado de 4 ó 5 invitados, munidos todos con vianda para el almuerzo. Se organizarían 5 grupos de actores con sus invitados, y cada grupo ocuparía un espacio en la periferia del Parque para realizar juegos y bloques teatrales con improvisación para que participaran los invitados. Habría mensajeros que coordinarían las acciones intercomunicando los grupos con Beto. Luego de almorzar los grupos debían concentrarse en un punto para, juntos y a través de juegos teatrales, copar el Centro Cívico (o sea, la “toma” se ideó para llevarla a cabo lenta y gradualmente de la periferia hacia el centro).

Un hermoso domingo de septiembre de 1978 por la mañana comenzaron a llegar titeanos al lugar, con pocos invitados (fue muy difícil comprometer gente joven un domingo temprano a la mañana para viajar 2 horas a la ciudad de los niños para hacer algo muy raro). Los integrantes del Grupo de Beto que participaron fueron Diana, Irene, Nelly, Vilma, Horacio, Félix, Adriana, Albertito, Frigor, Batata, Negro Luis María, Nomi, Marina y Mariana. Los miembros del Grupo Madre que acudieron fueron Chiari, Chacho, Ruth, Ricky, Raúl, Norberto, Cthulhu y otros. Se formaron los grupos y se dispersaron por el predio; hicieron juegos, bloques y almorzaron. Luego fueron confluyendo hacia el anfiteatro (flechas rojas en el plano) y comenzaron a mezclarse, realizando en el escenario bloques conocidos, de ensayos o montajes del TiT. Al ver movimiento, empezó a entrar gente al anfiteatro y a sentarse en las gradas. Cuando se juntó una cantidad suficiente, se les propuso a los presentes “trasladar la escena”: había que llevarla a la ciudad, donde había miles de personas. Los actores levantaron imaginariamente el piso del escenario y comenzaron a  moverlo, saliendo del anfiteatro en dirección al centro cívico, que estaba a unos 300 ó 400 metros (flecha amarilla en el plano). La gente siguió a los actores y algunos ayudaban con la mudanza; durante el trayecto los actores les pedían a los transeúntes que junto a sus hijos ayudaran a trasladar la escena, y se sumaron decenas de personas, algunas acompañando y otras participando activamente; cada tanto alguien gritaba “¡Cuidado con tal cosa!” y todos hacían movimientos para esquivar un obstáculo, siempre con los brazos en alto sosteniendo el escenario imaginario; o alguien pedía ayuda porque en esa zona la escena era más pesada. Al llegar al centro cívico ya eran cerca de 100 personas las que participaban de la mudanza, con movimientos cada vez más exagerados y a los gritos, lo que causó gran curiosidad en la gente que estaba paseando por las calles; a una orden se tiró la escena sobre el piso y hubo momentos de algarabía. Los actores (varios de ellos disfrazados) ya tenían la atención de mucha más gente y organizaron juegos y canciones interactivas. El jolgorio duró un rato largo, hasta que los actores, un poco desbordados y sin iniciativas, decidieron dispersarse o dar por terminado, alrededor de las 5 ó 6 de la tarde.

La propuesta general fue interesante, pero faltaron ideas concretas para ir más allá en los momentos álgidos. Para la mayoría de los actores era su primera intervención (muchos hacía solo 2 ó 3 meses que se habían incorporado al TiT), y faltó una dirección experimentada y fuerte (también era la primera experiencia de Beto como director).

Se rescata el tramo de “traslado de la escena”, durante el cual se hizo participar a mucha gente en un juego mentiroso divertido pero muy simbólico: sacar el teatro de su templo para llevarlo a la vida, a la calle.

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