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Mención especial al TiT

El 27 de octubre de 2014, en el marco de la entrega de los Premios Podestá, la Asociación Argentina de Actores distinguió al TiT con una mención especial por ser un referente de militancia y resistencia artística durante la última dictadura militar argentina.

Link al video de entrega de la mención

Declaración del TiT

Sobre la mención especial al TiT (Taller de Investigaciones Teatrales) como referente de militancia y resistencia artística (Premios Podestá 2014)

“Antes de seguir hablando de cultura señalo que el mundo tiene hambre”, escribió Artaud en el prefacio de su libro “El teatro y su doble”, editado en 1938. El poeta loco, el poeta del dolor, estaba consustanciado con la realidad, a pesar de que su estética artística respondía al surrealismo. Quizás por eso era el poeta loco, el poeta del dolor. Lamentablemente esa frase sigue vigente hoy, y era muy vigente a fines de los años setenta, cuando un grupo de jóvenes leía su libro y quería hacer teatro. Un teatro que forjara la cultura ligada a la vida, y que la alimentara. No un teatro que fuera parte de la cultura que está por encima de la sociedad, alejada de ella, y que la oprime. Como las instituciones forman parte de la cultura, esos jóvenes estaban en contra de todas las instituciones que con su accionar tendieran a perpetrar el hambre y regimentar la vida, y así poder seguir perpetrando el hambre.

Tres años antes de la edición de ese libro, Bretón, líder del movimiento surrealista, terminó un discurso en el congreso de una asociación de escritores revolucionarios, rompiendo definitivamente con el realismo socialista del stalinismo, con la siguiente frase: “Transformar el mundo, decía Marx. Cambiar la vida, decía Rimbaud. Para nosotros, esas dos consignas son una sola”. Desde ese momento arte y revolución, revolución y arte, se volvió un binomio indisoluble para muchos artistas. Revolucionar el arte, el arte antivida, el arte-comercio, el arte elitista, el arte enchalecado. Hacer arte para la revolución. Transformar el mundo y cambiar la vida se convirtió en el norte de todo accionar y pensamiento de aquellos jóvenes en la Buenos Aires de fines de los setenta. Y empezaron a hacer, a hacer mucho, en salas de teatro, casonas, bibliotecas, clubes, la calle, a pesar de estar viviendo bajo las condiciones de represión más feroces de la historia moderna, cuando estar juntas más de tres personas era considerado subversivo y pasible de castigos atroces. Todos los hechos teatrales y las intervenciones realizados por el TiT perseguían romper con el espacio teatral tradicional escenario-butacas, con la relación desigual actores-audiencia, con la dependencia del teatro en relación a la literatura. El teatro es la gente en movimiento, que a partir de la mentira muestran una verdad, su verdad, consciente o inconscientemente. El objetivo era provocar, desacartonar, agitar, lograr que el “público” se moviera junto a y en medio de los “actores”. Esos jóvenes también leían a Ionesco, Lautremont, Peter Brook, Grotowski, y escribían sus conclusiones y sus propios fundamentos. Y basándose en escritos de Marx y Engels diseñaron y levantaron la consigna “por menos artistas y por más hombres y mujeres que hagan arte”.

El 25 de marzo de 1981, un día después de un nuevo aniversario del golpe genocida, el TiT estaba preparando un hecho teatral en el teatro Picadero y sus alrededores con la frase “Aquí cayó un joven”. Un llamado anónimo con amenaza de bomba hizo que emergiera la autocensura del dueño de la sala. Pocos meses después los responsables del llamado cumplían su promesa con otro pretexto e hicieron volar el teatro en pedazos. Los jóvenes del TiT empezaron a terminar muy seguido en comisarías, y como muchos de ellos tenían una vida clandestina de militancia política, el riesgo de desaparecer era muy alto. Se debió cerrar la casona y el TiT se diluyó. Cuando la dictadura dejó de existir, el TiT ya no estaba. Arte y revolución, revolución y arte, eso fue el Taller de Investigaciones Teatrales. La trayectoria fue corta, pero muy intensa.

Aceptamos esta mención por Juan Uviedo, fundador, mentor e ideólogo del TiT, el gran provocador; por los centenares de miembros, seguidores y adherentes del TiT; por varios importantes actores del taller que murieron demasiado temprano; y por el simple hecho de rescatar la historia de algunos jóvenes audaces que en los años más oscuros se jugaban la vida disputándoles espacios a las tanquetas y los Ford Falcon solo con arte, luchando para que resurgiera la vida en medio de tanta muerte.

 TiT - 27 de octubre de 2014

La entrega de la mención

La plaqueta dice: "Mención especial al Taller de Investigaciones Teatrales por ser un referente de militancia y resistencia artística".

El día anterior algunos miembros del taller hicieron una reunión para debatir sobre la mención

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