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Artículo con entrevista a Roberto Barandalla (Picun) publicado en el blog Las vueltas del camino, de Osvaldo Aguirre* (diciembre de 2012), sobre la película Un glorioso fracaso, exhibida en la muestra Perder la forma humana. "Esto no era una película"
La historia del grupo rosarino Cucaño y del Taller de
Investigaciones Teatrales (TiT), de Buenos Aires, se asocian en Un
glorioso fracaso, una película de Roberto Barandalla y Darío
Schvarzstein que forma parte de la muestra Perder la forma humana,
que se exhibe actualmente en el Museo Reina Sofía, en Madrid. El film, de
treinta minutos de duración, recupera un valioso archivo de imágenes,
obtenidas en agosto de 1981 en San Pablo, durante la realización del
encuentro AlterArte II.
Barandalla participó del encuentro en Brasil como parte del
Taller de Investigaciones Cinematográficas (TiC), un grupo ligado al TiT. Un
glorioso fracaso presenta las imágenes obtenidas en 1981 y
entrevistas realizadas el año pasado con el Marinero Turco (Daniel Canale) y
Pandora (Graciela Simeoni), ex integrantes de Cucaño, y con Sergio Bellotti y
el Gallego (Rubén Santillán), del TiT de Buenos Aires. La exhibición de la
película en la Argentina está sujeta a la itinerancia de la muestra, que se
exhibirá hasta marzo en España y luego vendrá a la Argentina.
AlterArte II reunió a integrantes de Cucaño, el TIT y otros
grupos hermanos de Brasil, todos de impronta surrealista. La cumbre del
encuentro fue una intervención en la Plaza de la República. Según la
reconstrucción de Alejandro Rodríguez, "la acción era la siguiente: un
contingente de turistas argentinos (los cucaños) llegaba a la plaza un sábado
a la mañana con una peste traída desde Argentina y provocando síntomas
extraños convertía a los infectados en babosas. A la vez un grupo de
cineastas (el TiC de Buenos Aires) estaba haciendo un documental sobre el
turismo en San Pablo. Otros «de civil» se filtraban entre el «público»
para ayudar a decidir qué hacer con los infectados y socorrer en caso de
complicaciones a los actores" (www.enlahoguera.com.ar). Pero el pánico
se múltiplicó, llegó la policía, el escándalo llegó a los diarios y
varios de los participantes fueron expulsados de Brasil.
El título Un glorioso fracaso fue tomado de un
documento de reflexión de Cucaño sobre AlterArte II. "Planteaban que
había sido un glorioso fracaso", dice Barandalla. "Todo había estado mal
organizado, pero se habían conseguido cosas notables como la intervención en
la Plaza de la República y el surgimiento de la línea de que había que
refundar el Movimiento Surrealista Internacional, como continuación histórica
del encuentro entre Trotsky y Bretón".
Barandalla es también el narrador de la película. Su historia
personal introduce a la grupal: después de pasar tres años detenido en
Rosario por militar en el Partido Socialista de los Trabajadores, se fue a
Buenos Aires, donde se vinculó con el TiT. "La línea de refundar el
movimiento surrealista duró apenas unos meses, en los cuales Cucaño produjo Las
Brujas y un par de intervenciones históricas, pero en abril de 1982
estalla Malvinas y la política invade todo", dice.
—Nahuel Moreno, el fundador del PST, escribe ese año un
folleto que anunciaba algo que no pasó. Se llamaba 1982: comienza la
revolución. ¿Cómo influyó en los grupos de artistas?
—Todos entramos por la idea de que la revolución era
inminente. ¿Cuánto iba a tardar? Un año, dos, cinco. El 15 de junio de
1982, cuando la derrota de Malvinas, en Buenos Aires hubo una pelea callejera
que duró toda la noche y parte del día siguiente, con barricadas y quema de
colectivos. Yo participé activamente de esa movilización y de esa lucha y
pensé que eso era la revolución, que ya estaba. El partido en el que militábamos
nos volcó a la militancia territorial: de la militancia celular, entre
grupitos, teníamos que ir a abrir locales a Núñez, o a González Catán. Lo
interesante es que los pibes del TiT y de Cucaño, por la actividad misma, se
habían desarrollado como grandes agitadores, tipos que influían y gritaban y
eran capaces de melonear a muchos. La misma práctica del trabajo teatral y
callejero podía transformar a estos chicos que no tenían más de 22, 23 años,
en pequeños dirigentes de masas, si se desarrollaban. De hecho Batata (Rubén
Campitelli), uno de los más activos del TiT, se transforma en candidato y es
uno de los oradores del Luna Park: hablan Zamora, Visconti y Batata. Lo
cooptan, lo ponen como dirigencia estudiantil, era un tipo que sabía hablar,
se sabía parar, sabía plantarse.
—¿Cómo fue la filmación en Brasil?
—Nosotros habíamos fundado el TiC con Eduardo Nico, Sergio
Belllotti, Daniel Fiorucci, Adrián Fanjul y otros. Eramos estudiantes de cine
en diferentes escuelas y grupos y habíamos empezado a hacer cortos. Cuando
viajamos a Brasil, teníamos prácticamente una hora de material. Filmamos a
la sans façon, indiscriminadamente, las cosas que iban pasando. Filmamos el
viaje, filmamos una fiesta loca donde estamos todos medio porreados, un
momento de Tai Chi en la calle, una intervención en el comedor de la
universidad para publicitar el encuentro, y la intervención en la Plaza de la
República. El festival se hace en la Universidad de San Pablo porque el
centro de estudiantes lo habían ganado los troscos.
—¿Cómo se transforman aquellas imágenes en una película?
—Eso fue en agosto de 1981. El verano siguiente armamos el
material en dos tortas gigantes, con un orden más o menos cronológico de los
eventos. Se lo mostramos a un profesor y nos dijo "Bueno, esto no es una
película". Había que narrarlo, decir algo, no se entendía qué era. Y
eso quedó guardado. En 1994 yo tengo el proyecto de hacer un documental sobre
Cucaño y entonces paso el material a VHS para que se pueda ver sin necesidad
de un proyector de super ocho, que ya no había. Aplico la beca Antorchas,
llego a la instancia final pero finalmente no la gano. Ahí quedó, de nuevo.
En 2005, paso el material de VHS a un disco y mientras lo digitalizo está
conmigo Darío Schvarzstein, un compañero de laburo y un amigo. Mientras mira
el material, le voy contando la historia y el tipo queda de una pieza. "Cómo
no lo contamos en una película?", me dice. Quedó boyando, hasta que
apareció la muestra en el Reina Sofía y me propusieron que el material
estuviera en la muestra. Yo les ofrecí hacer una reedición y entrevistas
actuales, para ponerle sonido, porque salvo la escena de la fiesta loca todo
lo demás no tiene sonido. Elegí al Gallego, el director de la intervención
en Plaza de la República y del TiT, un tipo que habla poco y tira conceptos
como sentencias, y que entonces es ideal para la edición. Elegí a Bellotti
porque era el cameraman y va preso y me parecía fundamental que estuviera. Leí
el reportaje de Ana Longoni a Pandora y vi que ella tenía una visión muy
despojada y franca. Y lo fui a buscar al Marinero, que también estuvo en ese
viaje. Necesitábamos un relator y Darío me convenció de que lo hiciera yo.
La historia de haber sido preso, porque yo llego al TiT en libertad
condicional, explicaba la situación externa: que un pibe de 20 años lo hayan
condenado a 3 años de prisión por ser militante hablaba de las condiciones
de represión en que este fenómeno se desarrolló.
En Señales, 16 de diciembre de 2012.
* Osvaldo Aguirre fue miembro de Cucaño en su última etapa, dedicándose luego a la escritura y al periodismo. Links para ver la película "Un glorioso fracaso": Parte 1 - Parte 2
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